Entramos en el último trimestre de este año 2013 y, ante todo, damos gracias a Dios por permitir que NOSOTRAS, a pesar de las difi-cultades, haya seguido llegando a nuestras mujeres como una vía de promoción, formación y evangelización. Nos sentimos satis-fechas de los logros obtenidos y también agradecemos a todos aquellos que en todo momento nos estimulan para continuar nuestra labor.
Termina otro año y siempre es bueno meditar en todo lo que ha acontecido. El hábito de meditar siempre es muy valioso porque orienta nuestras vidas, sosiega el espíritu y lo pacifica. Es fuente de felicidad y armonía, aumenta la capacidad de vivir, nos reanima y siempre encontramos lo que buscamos: la presencia de Dios en nuestras vidas.
Hoy, a 25 años de la carta apostólica Mulieris Dignitatem, del entrañable Papa y beato Juan Pablo II, en la cual se resaltó el valor de la mujer y su dignidad en la Iglesia, el Papa Francisco coloca nuevamente sobre la mesa el tema de la mujer como puntal irremplazable en la vida de las comunidades en este siglo XXI.
Ante los conflictos que como mujeres se nos presentan a diario en nuestras vidas: violencia, alcoholismo, drogas, abandono de los ancianos, entre otros, las mujeres debemos ser fermento y baluarte que anuncie la evan-gelización a sus hijos, para sembrar en ellos la Buena Nueva de Jesucristo, única garantía de un mundo mejor.
El Papa Francisco señaló que la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem es un documento histórico, el primero
del magisterio pontificio dedicado enteramente al tema de la mujer. El Santo Padre reiteró que a través de la
maternidad Dios le confió a la mujer el ser humano, en una manera totalmente especial; señaló que el hecho de
concebir, llevar en su vientre y dar a luz a los hijos no es simplemente un dato biológico y comporta una riqueza
de implicaciones para la propia mujer por su modo de ser, por sus relaciones y por el modo en el cual se pone
delante vida humana y a la vida en general e hizo una alerta sobre el riesgo de reducir tal dimensión a un simple
rol social y de promover una especie de emancipación que al ocupar los espacios sustraídos a los hombres,
abandona lo femenino.
En los siglos XVI y XVII no existía en la época
colonial el servicio público escolar y la Iglesia
tenía instituciones educativas a través de los conventos
de las Órdenes y Congregaciones y también en las
parroquias. En esa época la educación de los niños se
impartía en el ámbito privado de la familia; los adolescentes
y los jóvenes realizaban su aprendizaje en el
trabajo y en los oficios. A fines del siglo XVII, el
Obispo Diego Avelino de Compostela estableció en La
Habana un Seminario, al que llamó San Ambrosio,
para que allí se prepararan los futuros sacerdotes. La
situación era peor aún en las poblaciones del interior
del país .(leer)
Desde el ajiaco y el casabe dejado por la cultura Aruaca de
los primeros habitantes de nuestra tierra, pasando por los
potajes y guisos sazonados con condimentos y plantas
aromáticas sembradas en nuestros patios y jardines, herencia
que nos trajeron los españoles que, a su vez, proviene
de la ocupación árabe de ocho siglos, hasta afianzarse en
los fritos y la comida de barracón con los salados y apetecibles
tasajos y bacalao a lo que se adicionó la pastelería
francesa, las pastas italianas y la comida rápida y chatarra
el mundo moderno, nuestra cocina aplatanada y criollizada
nos presenta una peculiaridad que de Oriente a Occidente
va variando de sabor pero que nos hace tan atrayentes al
paladar foráneo. (leer artículo)





